Bafreakci 2010: selección internacional oficial
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sábado, 17 de abril de 2010

Ajami


Ajami. Israel / Alemania. 2009. Dir.: Yaron Shani & Scandar Copti.

Si es que el premio Oscar tiene algún valor de tipo cinematográfico, si es que clava alguna marca que tenga relación con la calidad de los films en cuestión, pues hay que decir que El secreto de sus ojos ganó una competencia más que reñida.

Porque además de que el Bafici nos dio la chance de ver en pantalla grande ese nuevo gran trabajo de Michael Haneke que es La cinta blanca, también nos propuso esta producción israelí alemana "de excepción", como gustan decir los críticos de toda laya.

Ajami transcurre en un escenario completo, por momentos tenebroso y casi siempre fatal: la frontera entre Israel y Palestina, tierra de muerte, hostilidad y múltiples posibilidades de que las cosas terminen mal.

El relato comienza con un asesinato a tiros, en una vereda cualquiera, hecho que deriva en la profundización de una crisis entre clanes, una guerra entre familias, algo que además da inicio a una sub historia, de intereses, miserias personales, dinero que no aparece, tragedias familiares y hasta un touch shakespereano.

Se trata de un guión que sigue la escuela del Tarantino de Pulp Fiction, aunque con una cuña estética más relacionada con la aridez y la falta de saturación de Amores perros, por mencionar otro ejemplo de guión rompecabezas.

Hay grandes momentos, todos relacionados con la violencia, el intercambio de tensiones y el tiroteo de odios cruzados, en algunos casos (o en todos) llegados desde el mesiánico enfrentamiento religioso.

Con una potencia en el texto fílmico apegada a formas narrativas clásicas pero también de cierta posmodernidad hardcore (sin llegar a la violencia explícita) la dupla realizadora le da al film un perfil ligado con el cine de acción, casi de policial con toques dramáticos. Claro que al estar ubicado en semejante polvorín, el coqueteo con el cine de guerra es una constante a lo largo de sus dos horas de cinta.
El resultado, impecable.

* * * *

Daniel Castelo

domingo, 11 de abril de 2010

The Robber

Photobucket The Robber (Der Räuber). Alemania/Austria, 2010. Dir: Benjamin Heisenberg


Un lema que podría definir y caracterizar el espiritu de este film es el  de "Just Do it", porque además de ser el  slogan  de las zapatillas que  Hans, el protagonista, utiliza para sus maratones, podemos decir  que  es el lema que tambien  aplica en el resto de su vida como ex convicto y ladrón de bancos en la ciudad de Viena.
 
Basada en hechos reales, pero  adaptada de una novela, este film se narra desde la perspectiva de un ladrón muy particular. Sin profundizar en su psiquis, ni tomar partido moral al  respecto, Heisenberg nos cuenta la historia de Hans que roba,  corre, corre y roba, sin poder deternerse siquiera para gastar el dinero que  roba. ¿Impulsivo, emfermo psicológico o tan solo un mero criminal?
 
Lo que no falta en este excelente film, es la adrenalina, y la acción reguladas de  una manera muy personal. Un film de temporalidad lenta en el que la  acción irrumpe repentinamente, como una tormenta. Escasos dialogos, y muchas persecusiones, para un film que podría ser la respuesta pos-moderna a "Sin aliento" de  Godard. Lo cierto, es que muchas veces el espectador se va a sentir fatigado de ver todo lo que corre Andreas Lust, y la excelente interpretación que aporta, incluso desde su  inexpresiva máscara que se confunde con su rostro, mientras trata de seguirlo en su travesía, hasta el final de  su escapada.
 
Es remarcable el trabajo desde montaje y sobre todo desde la banda sonora. Super fragmentada por momentos y llena de musica diegética  y extradiegética (desde tecno hasta ópera)  que se funde con los sonidos ambiente, imponiendo ritmo y  complementando lo que ya se ve  desde las imágenes. Una banda sonora que nos recuerda a esa otra película alemana en donde una chica de cabellos rojos, llamada Lola, también  corria bastante por las calles de Berlin.


 
Uno de los excelentes e imperdibles exponentes de la competencia internacional.
 

* * * *



Jimena Patiño
 
 
 
 

sábado, 10 de abril de 2010

Putty Hill

Putty Hill. EEUU, 2009. Dir: Matt Porterfield. En Competencia.

El inefable catálogo del presente festival introduce en la sinopsis de Putty Hill una máxima de Lebrero que dice algo así como "...por algo se inventaron los velorios". La respuesta freak y didáctica al suspiro de Lebrero indica que los velorios tal y como se conocen hoy día (dejando de lado el hecho de honrar y llorar al tomuer en cuestión) se impusieron para que no queden dudas de que el difunto de hecho está difunto y no está sufriendo catalepsia ó coma-cuatro ó cualquier otro estado extraño que lo despierte horas después de su muerte clínica en la desesperante situación de hallarse encerrado en un ataúd en situación six-feet-under, sin poder gritar ni escaparse.

Lamentaremos, pues, que el film de Porterfield no se detenga en ésa simpática característica del velorio. Por que el film en cuestión decide centrarse, con todo derecho, en otro mambo: El deceso de un muchacho por sobredosis y el transcurrir de sus afectos que aún siguen con vida y hallan en el velorio (y la previa del mismo) el caldo de cultivo perfecto para llorar, gritar, llamar la atención, quedarse chito, tragarse el llanto, dialogar, pelearse, pasarse un par de facturas mutuas, lanzarse miradas sugestivas y todos los etcéteras que ustedes deseén agregar, alejados de los atentos párpados (cerrados y pegados con La Gotita) del difunto en cuestión. Pispear dichas situaciones puede resultar atrayente para ciertos individuos, de modo que Putty Hill puede tanto agradar como pasar desapercibida ó generar encono, dependiendo del grado de despojo ó lejanía que encontremos en estas inevitables citas con la pompa de la muerte.

Todo el tiempo parecen inventarse nuevas formas de torcer una narrativa como sea con tal de cuadrarla en el nuevo pseudogénero docu-drama, si es que ya se lo puede autentificar como tal. Lo que sea necesario para salir de los lugares comunes hollywoodenses, esa parece ser hoy (al menos en gran medida) la premisa del cine independiente.

Aquí el autor llega al punto de entrevistar a los personajes de cuando en vez, si conocían o extrañan al ausente Corey, fallecido de sobredosis días atrás. Así, como jugando a entrometernos y a tomar distancia de ese lugar olvidado en el tiempo, vamos negociando con la cantidad de información a la que tenemos acceso y la cámara desaparece por momentos para ser testigos de hechos insignifcantes y edificantes a la vez, en la cotidianeidad de una familia devastada ya tiempo atrás de esta tragedia.

Cabe remarcar la similitud de estos pueblitos norteamericanos con muchos de los que aquí tenemos en el interior del país, o de la General Paz para allá. Lugares donde reina la desidia y los jóvenes parecen abandonados en un limbo, estancados, olvidados por la modernidad. Víctimas que aún acarrea probablemente un modelo de industrializacion fallido. Bajo este estado de cosas, familia disfuncional, ocho meses en la cárcel por posesion de marihuana y muerte de sobredosis ya no suenan a capricho argumental, sino a una aguda lectura de la realidad.

* * 1/2 / * * * *
(Daniel Celina / Fernando Motrel)